Testimonio: Diana Laura García

Voluntaria en Tailandia.

Soy Diana Laura García Marina, tengo 21 años de edad y recién egresada de la licenciatura de Relaciones Internacionales.

Quería realizar un voluntariado, por lo tanto, comencé a ver qué tipo de voluntariados y las distintas organizaciones que había y que realmente fueran serias para mi seguridad personal.

Me puse en contacto con la organización VIVA, la cual simplemente la seguía por facebook. La organización 2 semanas antes de mi partida me dieron la mejor atención y la tramitación de mi documentación para facilitar mi viaje ya que me encontraba corta de tiempo para todos los trámites.

Salí de México el día 8 de julio, con destino a Bangkok, debo admitir que salí con muchos nervios, sabía que el idioma que habla la población es tailandés y que era un porcentaje mínimo de las personas que pueden hablar inglés en Tailandia. Mi llegada al lugar con los del voluntariado fue tardía en función de lo acordado y por eso tenía que tomar sola el autobús de la capital a la Peace Village 2 (Provincia de Nakhon Ratchasima). Llegue a un país donde apenas y entienden el inglés; los demás voluntarios y los de la escuela a la que iba a ayudar, ya me estaban esperando.

Llegue a  la estación de autobús y la host family, me recibió con los brazos abiertos, con una amabilidad que me hizo sentir segura en un lugar así; llegue a la escuela por la tarde y todos los maestros y los niños, sin conocerme me brindaron una sonrisa que de principio me hicieron sentir bien, saber que mi viaje iba a valer la pena.

Fueron dos semanas en las que conocí a personas de diferentes nacionalidades; Francia, Corea, España Tailandia, Italia y México estaban reunidos como países para un solo objetivo: ayudar sin importar a quien.

Prácticamente mi labor fue enseñar un poco de inglés a niños de 4 a 12 años , a través de juegos muy dinámicos, enseñarles un poco de México (realmente los niños estaban fascinados e impresionados, así como la gente que conocí, cuando les decía que volé aproximadamente 27 horas para estar ahí); lo único que decían los niños era “teacher, teacher” todo el tiempo, y como entendía que no hablaba su idioma, intentaban explicarme con señas lo que querían decirme, hubieron momentos en los que los niños me hacían pequeños detalles o regalos que podrían ser insignificantes, pero que para valían demasiado.

También colaboramos en la restauración de la escuela, ese fue una gran satisfacción, darle un poco de color, de vida a la escuela; ayudamos en una granja, en la siembra de cebollas, así como también en el proceso de elaboración de carbón, plantamos árboles y pescamos peces. 

Diana Laura García Marina

Fue una dinámica, en la que todos los días teníamos que estar desayunando a las 7:00 am, para estar en la escuela dando clases a las 8:00am, nuestra labor terminaba a las 4:00 o 5:00 pm, regresamos a la casa y ahí teníamos que hacer un análisis de lo bueno y lo malo que se hacía en ese día, para ver qué podíamos mejorar.

Debo admitir que hubo momentos en que me gano el sentimiento y llore por la situación o el contexto en el que me encontraba en ese momento, agradecí a la vida de darme la oportunidad de vivir una experiencia así y de encontrarme en una situación de vida estable.

Como persona común, fue una experiencia muy agradable la satisfacción personal muy grande, conocer una cultura y costumbres distintas.

Como internacionalista, puedo decir que la Sociedad Internacional, desde un actor internacional que es el individuo, debe sumarse a realizar este tipo de acciones que ayuden a las distintas poblaciones. Que en todos los países sin importar si es desarrollado o subdesarrollado, exista carencia, solo que unos las viven más que otros; que falta que los gobiernos implementen más políticas públicas que realmente ayuden a toda su población, que llegue a cada rincón de su territorio.

Que somos un mundo globalizado, con países, con distintas visiones y tenemos formas de gobiernos distintas, pero que los seres humanos debemos encontrarnos en la mejor disposición para ayudarnos los unos a los otros.

Este fue mi primer voluntariado y fue la mejor experiencia que he vivido en mi vida. le aconsejo a todas las personas, que si quieren salir de su país, siempre lo hagan con un objetivo en mente: aprendí que salir de esa zona de confort en la que vivimos siempre, nos ayuda a valorar muchas cosas, como la familia, el país de donde provenimos, así como todos los recursos con lo que contamos.

Siempre debemos buscar a ayudar y dar un poco de lo que tenemos, aunque no se es retribuido económicamente o materialmente, es una retribución a nivel personal y tal vez espiritual, que vale más que muchas cosas, que uno se queda con los mejores recuerdos de su vida.

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