Testimonio: Rebeca Mendoza

Voluntaria en Ángeles de Amor

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Al parecer desde pequeños nuestros papás y maestros nos inculcan valores diariamente. Nos ponen de ejemplo muchísimas situaciones y parecemos entenderlos, sin embargo nunca (o muy pocas veces) los llevamos a la práctica y estos terminan siendo solo un puente para que después nos sirvan solo para poder vivir en sociedad, sin mucha diferencia entre los demás.

Compra un auto, una casa, viaja y se un turista, pagando tus impuestos, yendo a misa cada domingo, etc. Sin embargo, hay otras maneras de hacer algo por tu prójimo y de aplicar de forma casi tangible todos aquellos valores que creías haber aprendido, una de ellas es ser voluntario.

Cambió mi forma de pensar y de ver las cosas, me hizo muchísimo más sensible de lo que creía ser, puso a prueba mi tolerancia hacia el cambio, aprendí a ser una compañera y trabajar en equipo. Conocí personas increíbles, que el destino puso frente a mi, en el lugar y tiempo precisos para hacerlos mis amigos y hermanos de viaje. Compartí con ellos las aventuras más increíbles. Pero sobre todas las cosas, lo que mejor aprendí es a amar. Ese amor incondicional y esa energía tan positiva que se sentía en el aire cada que llegaba a trabajar o cada que estaba en casa con mis compañeros, es inigualable. 

El mundo crea fronteras y necesitas pasaportes para cruzarlas, pero nosotros pudimos romperlas tan solo con una sonrisa y un abrazo. No sabía muy bien qué esperar de ser voluntaria, solo sabía que sería algo bueno. Sin embargo, fue mucho más de lo que pude haber imaginado, fue lo mejor.

Para terminar cito a Jack Kerouak en su libro En el Camino,  “La mejor maestra es la experiencia y no el distorsionado punto de vista de alguien más”, y dejo en ustedes la decisión de crear un nuevo ciclo en su vida o dejarlo pasar por cualquier cosa que estén haciendo hoy.