Testimonio: Jordi Rull Camprubí

Voluntario en Ángeles de Amor de Julio a Octubre 2015

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Cuando uno se decide a hacer un voluntariado en otro país, empieza a imaginar cómo será. De entrada puede pensar que con ello conocerá otra cultura, que conocerá a mucha gente nueva y que ganará una experiencia tanto profesional como personal, entre otras cosas. Sin embargo, por mucho que uno piense e imagine antes de partir, no puede hacerse un dibujo mental ni un poco cercano de lo que está a punto de vivir. Se hace difícil explicar a los seres cercanos por qué se va uno tan lejos, al igual que es difícil transmitir todo lo vivido una vez se vuelve a casa después de la experiencia.

En mi caso, después de haber estado tres meses en el proyecto de Ángeles de amor, puedo decir sin temor a exagerar que un voluntariado puede cambiarte la vida. Es el modo en que se vive todo, la calidez con la que la gente te recibe y se presta a conocerte, el amor gratuito de las personas con la que compartes tu tiempo, el olor y el color de tu nuevo contexto, los paisajes cambiantes, los aprendizajes que desprende cada relación, y muchas otras cosas, lo que hace tan difícil explicar pero tan justificado y necesario este viaje.

A nivel personal, la decisión de hacer este voluntariado me ha llevado a tomar nuevas decisiones que han cambiado por completo mi rumbo, si es que tenía. Pero creo que no es necesario tal efecto para que la participación de una persona en un voluntariado sea provechosa e inolvidable para él/ella.

Sólo hace falta vivirlo con la intensidad suficiente.