Testimonio: Garikoitz Madoz y Patricia Caridad

Voluntarios en el proyecto de Equinoterapia

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SIEMPRE NOS QUEDARÁ SANCRIS…

Siempre habíamos querido viajar y sobre todo vivir la experiencia de colaborar en algún proyecto que nos acercase más a la cultura del país y que mejor manera que vivirlo de cerca. Este año teníamos la posibilidad de hacer un viaje un poquito más largo, al menos teníamos casi un mes para disfrutarlo a nuestro antojo. No dudamos en que una parte del mismo iría dedicada a colaborar como voluntarios en cualquier parte del mundo.

Comenzamos a buscar el mejor destino sin tener nada claro… hay tanto mundo por recorrer y conocer qué es una elección muy difícil. Así tras pedir información a muchas ongs y recursos dedicados a promover el voluntariado, dimos con Cooperating Volunteers. Nos interesaba conocer México y había muchas posibilidades de colaboración. Desde el primer contacto se nos asesoró con mucha claridad explicándonos todas las posibilidades y sobre todo, y posiblemente por lo que nos animamos a llevar a cabo la solicitud, fue la seguridad que nos dieron ya que resolvieron todas nuestras dudas antes de tenerlas. Todo perfectamente organizado. Se agradece que sea así ya que viajas lejos de tu hogar, no sabes verdaderamente que vas a encontrar y te da tranquilidad que la ong te diga exactamente todo lo que debes tener en cuenta para la preparación del viaje, todos los pasos a seguir para que todo salga perfecto.

Nuestro destino ya estaba decidido, Chiapas. Allí había varios proyectos a los que podíamos acceder, pero desde el principio nos llamó la atención Equitach que se dedicaba a trabajar con niños discapacitados o con alguna dificultad a través de la equinoterapia. Nos informamos, no se necesitaba ninguna experiencia para ello, únicamente una buena disposición y actitud y eso no nos faltaba.

Pasaron los meses con muchas ganas del viaje… íbamos a conocer ambas caras de México… el lujo y el turismo de Riviera Maya y Cancún, y una de las caras más desfavorecidas de Chiapas, en el conocido pueblo de  San Cristóbal de las Casas. Allí estaríamos del 1 al 15 de julio.

Y así fue, todo transcurrió como lo habíamos organizado y el 1 de julio llegamos a Tuxtla. Pese que había problemas de huelgas en las carreteras, desde la ong VIVA (con la que trabaja Cooperating Volunteers) nos mandaron un coche para recogernos y dejarnos en el albergue donde nos alojaríamos mientras vivíamos nuestra esperada experiencia.  Aspecto que hace aún más gratificante la experiencia porque convivir con personas de otros lugares, con las que compartes la ilusión de poder aportar aunque sea un granito de arena dentro de un proyecto ya lo hace mejor todavía si cabe.

No habíamos empezado el voluntariado, sólo llevábamos horas en San Cristóbal de las Casas  y ya nos dimos cuenta de lo diferente que iban a ser esas dos semanas que teníamos por delante. Vivimos en un país desarrollado, somos trabajadores jóvenes que nos ganamos lo que tenemos de la manera más honrada que podemos… ¿pero realmente necesitamos todo lo que tenemos? Se puede vivir con menos y de una forma más austera…

Al pasear por las calles lo más impactante es la cantidad de niños trabajadores que recorren las mismas… lo que generaba un alto ausentismo escolar ¿Dónde queda la educación obligatoria como derecho a todo ser humano?… La verdad que aunque conozcas noticias y sepas de las diferencias que viven otros países respecto al nuestro cuando lo ves de cerca es cuando te das cuenta de la gravedad del asunto y te entristece ver lo difícil que es llegar a un cambio.

Llegó el momento de conocer Equitach y con ello a Ángeles, persona que trabaja día a día para más de 60 niños con el único objetivo de que mejoren en sus problemáticas. Sin dejar de lado a los niños de familias pobres por no tener recursos económicos. Con Ángeles trabajaba  un ayudante para la limpieza delas cuadras  y por supuesto los seres que dan vida al proyecto y que sin ellos no tendría sentido hablar del mismo como tal. Payaso, Plata y Híkama, dos caballos y un pony. Desde el primer día nos trató como si lleváramos trabajando con ella días…nos hizo sentir muy acogidos al igual que el resto de personas con las que coincidimos esas dos semanas.

Fueron días intensos  dentro del proyecto… era muy gratificante cada rato con cada niño y por supuesto con los caballos. Aprendiendo en todo momento de los conocimientos de Ángeles y a través de los niños y sus familias conociendo la cultura en la que sin darnos cuenta nos sumergíamos.

Aparte de las casi 7 horas que pasábamos cada mañana en el rancho realizando la terapia, tuvimos la oportunidad de ir a casa de una familia que participaba dos días por semana en Equitach, ya que cinco de los hijos tenía problemas de movilidad entre otras discapacidades. Debíamos  ver si podíamos ayudarles a mejorar su vida adaptando un poquito su hogar a sus necesidades diarias. Ángeles nos lo planteó y no dudamos en apoyar a ésta familia tan especial. Nosotros y los compañeros con los que estábamos compartiendo nuestros días. No teníamos demasiado tiempo pero sí muchas ganas de hacer todo lo que estuviera en nuestras manos así que después de una mañana en Equitach fuimos a conocer el hogar de esta familia tan especial. Quizás éste momento fue el más duro de toda la vivencia… como he nombrado antes cuando ves las cosas de lejos o incluso te lo cuentan no llegas a sentirlo tal y como es… ver en primera persona las condiciones tan deplorables en las que vive esta familia con unas necesidades tan especiales nos impactó muchísimo, más de lo pudiéramos haber imaginado. Ángeles compró los materiales que le pedimos y adaptamos un poquito los baños para que no tuvieran que arrastrarse para entrar como venían haciéndolo…  y gracias a conocer la situación tenemos constancia de que se está juntado dinero para ponerles un techo que faltaba entre el baño y las habitaciones, ya que estaba al descubierto, con lo que supone sobre todo en épocas de lluvias y frío. Nosotros desde la distancia seguiremos apoyándoles.

Pasaron las dos semanas y con mucha pena nos tuvimos que despedir de nuestros compañeros, de Ángeles, de los compañeros del albergue… sólo fueron dos semanas sí y si no fuera por las obligaciones que tenemos en España (y que por ahora queremos seguir teniendo) nos hubiéramos quedado un tiempo más allí…

Se puede decir que San Cristóbal de las Casas es de los lugares más acogedores en los que hemos estado…¿Quizás sea nuestro destino? Hay días que lo echamos mucho en falta… la tranquilidad de sus calles… ya que siempre nos quedará Sancris…